
| LA OSTEOPATIA EN EL CAMPO CRANEAL | ||
| PRUEBAS CIENTIFICAS DEL MOVIMIENTO CRANEAL | ||
| LA OSTEOPATIA VISERAL | ||
| LAS FASCIAS | ||
| IRRITACION DE LOS SENSORES NERVIOSOS | ||
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LA OSTEOPATIA Y SUS DISTINTOS CAMPOS DE ACCION El campo osteoarticular es la parte más conocida de la Osteopatía, pues todas las técnicas más difundidas se refieren a las correcciones articulares o osteoarticulares. Hasta podemos hablar de una mitología de la corrección osteoarticular. Bajo el rótulo de Osteopatía se ha hecho cualquier tipo de manipulación, a menudo acompañada de un "crash" sonoro, muy importante para la psicología del paciente y, desgraciadamente, a veces del profesional. En realidad, las correcciones osteoarticulares no tienen nada que ver con un ruido particular. Simplemente, consisten en devolver a un sistema biomecánico osteoarticular, una articulación, por ejemplo una rodilla, un tobillo, una cadera o una articulación intervertebral, su juego fisiológico normal en todos los sentidos. Podemos decir que el trabajo osteoarticular en Osteopatía es el trabajo de] tejido más denso, el tejido óseo y directamente sus participes obligados que son los ligamentos, las cápsulas articulares. Pero ya hemos visto que en Osteopatía nada puede permanecer aislado ya que todo está integrado. Por supuesto, una articulación, un sistema osteoarticular, no se puede bloquear porque sí. Deben reunirse varias condiciones y entre éstas están las reacciones de los tejidos blandos que lo rodean, músculos, tendones, fascias en general. El esqueleto, si bien constituye el armado sólido de nuestro cuerpo, no existe por sí solo. Es más: el hombre es el único animal, el único ser vivo de la creación que es erguido. No puede serlo sin los tejidos blandos. Intenten ustedes mantener erguido un esqueleto y verán que se derrumba lamentablemente. La fijación de una articulación, en realidad, se puede describir de tres formas, o podemos hablar de tres grados: primero tenemos la fijación muscular. En regla general, ésta no es muy grave y se puede resolver rápidamente en un individuo sano (por ejemplo, un tortícolis consecutivo a una corriente de aire frío). Si el individuo es bastante frágil va a lograr inhibir esta irritación y la fijación muscular evolucionará hacia una fijación ligamentaria menos dolorosa e invalidante. Luego tenemos las fijaciones ligamentarias. Puede ser una fijación ligamentaria pura, en que la causa de la lesión se encuentra en el ligamento (por ejemplo, la fijación de un ligamento entre el sacro y el hueso ilíaco). Por regla general, estas fijaciones ligamentarias no se notan, pero ellas provocan lo que algunos llaman la fijación ligamentaria derivada. Es una adaptación de la fijación muscular. Expliquemos el mecanismo. La fijación muscular crea una restricción importante de la amplitud de] movimiento: los ligamentos que controlan esta amplitud pierden su elasticidad y se fibrosan. El músculo va perdiendo todas sus propiedades mientras la amplitud ligamentaria no haya sido restaurada. La propiedad esencial del músculo es la elasticidad, y ésta se perdió. La fibrosis ligamentaria se instala muy rápidamente. Todos los profesionales conocen la rigidez articular que sigue a la ablación de un yeso colocado tres semanas antes. Las fijaciones ligamentarias derivadas se ubican principalmente a nivel de la espalda y son muy patógenas por el hecho de la complejidad de las estructuras nerviosas locales y de las relaciones estrechas que existen entre las articulaciones osteo?vertebrales y las cadenas de ganglios simpáticos. Recordemos que el sistema simpático es el sistema nervioso de todas las funciones automáticas de nuestro cuerpo. Finalmente, tenemos las fijaciones articulares que son derivadas de fijaciones ligamentarias o musculares, dependiendo específicamente del lugar de la estructura enferma. Una
vez que el osteópata puso en evidencia todas las fijaciones de
un individuo, va a determinar cuáles tendrá que tratar
inmediatamente, cuáles deberán esperar un poco más,
cuáles no tendrá que tocar. El tratamiento depende del
diagnóstico establecido, no tanto por los síntomas que
describe el paciente cuando viene a consultar, sino por la historia
de las adaptaciones que sus tejidos cuentan. Por ejemplo, en medicina
clásica, la ciatalgía se debe a una alteración
de un disco lumbar, mientras que para el osteópata, un problema
de disco es un síntoma, tanto como la ciatalgia. LA
OSTEOPATIA EN EL CAMPO CRANEAL Hemos presentado anteriormente a WILLIAM SUTHERLAND, que descubrió el movimiento craneal después de años de investigación. Durante estos años, acumuló cráneos óseos, los comparó, los estudió, los desarmó. Su casa se transformó en un laboratorio de experimentación invadido por cráneos (lo que su mujer llamó la "época craneal de su matrimonio"). Estas investigaciones lo llevaron a poner en evidencia lo que él llamó el C.R.I., CRANIAL RITMIC IMPULSE, traducido por Mecanismo Respiratorio Primario. Este mecanismo respiratorio primario es un movimiento rítmico de los huesos del cráneo, relacionado directamente con el líquido cefalorraquídeo o L.C.R., las membranas de tensión recíproca intracraneal (la duramadre) y el sacro. El conjunto está puesto en movimiento por una chispa de vida, como decía él, que había que descubrir. Le dio el nombre de movimiento primario porque el M.R.P. es el origen del buen funcionamiento del organismo. Hoy podemos registrar el M.R.P. a partir del tercer mes de la vida fetal y persiste hasta 60 minutos después de la muerte clínica. El movimiento autónomo que WILLIAM SUTHERLAND descubrió tiene una frecuencia promedio de 12 ciclos por minuto. El tipo de movimiento percibido se llama flexión o rotación externa, extensión o rotación interna. Este M.R.P. es totalmente independiente de la respiración pulmonar. Si pedimos al paciente una hiperventilación o una apnea no se percibirá ninguna modificación en la frecuencia del M.R.P. Habiendo descubierto el mecanismo respiratorio primario, SUTHERLAND experimentó sus variaciones en función de las modificaciones que podían afecta el cráneo. Fabricó un casco de experimentación y con éste empezó a estudiar desde adentro, en su propio cuerpo, los efectos las consecuencias y los síntomas relacionados con estas alteraciones, estas fuerzas exteriores. Conservando este casco sobre su cabeza días enteros y semanas enteras, cambiando los puntos de apoyo y las presiones, se fabricó cefaleas, trastornos de la visión, síncopes, etc., sintiendo en él mismo cómo se comportan los distintos huesos del cráneo, el sacro y las membranas intracraneales cuando el cráneo está sometido a fuerzas específicas. Estos experimentos lo llevaron a ampliar el concepto de movilidad craneal y llegar al de movilidad cráneo?sacral. Luego desarrolló un conjunto de maniobras basadas en la fluctuación del líquido cefalorraquídeo y estas maniobras lo aliviaban de los dolores provocados por su casco. Empezó pues a tratar varias patologías en sus pacientes y luego, al cabo de veinte años de experimentación, decidió dar a conocer en 1929 el resultado de su trabajo. WILLIAM SUTHERLAND devolvió a la mano la importancia que nunca hubiese debido perder en medicina. El decía a los docentes en Osteopatía: "Enseñen a los dedos de sus estudiantes cómo sentir, cómo pensar, cómo ver, y luego, déjenlos tocar". El M.R.P. no es visible para el ojo, pero es fácilmente perceptible para la mano, aún para una mano sin experiencia. JOHN UPLEDGER D.O. dice que resulta más fácil que una mucama perciba el M.R.P. que un médico, pues el médico queda alejado de las percepciones de su mano por bloqueo conceptual. Ustedes también pueden sentir el movimiento craneal. Pongan sus manos, suavemente, con buen contacto, sobre el cráneo de su cónyuge o de su hijo, sin apoyar. Relájense bien y sentirán este cráneo vivir, inflándose y encogiéndose bajo sus manos en forma independiente de la respiración pulmonar. La amplitud del M.R.P. es infinitamente pequeña, no pasa de 20 o 30 rnicrones; sin embargo, la mano la percibe muy bien. Ya sabemos la extraordinaria sensibilidad de los órganos sensores de nuestra mano, pero, además, el conjunto de los tejidos forma una de las palancas que amplifican el movimiento. El sacro se mueve al mismo ritmo que el cráneo, balanceándose entre los dos huesos ilíacos. Es un movimiento perfectamente sincronizado con el cráneo, con el cual está relacionado por el tubo constituido por la duramadre, que los anglosajones llaman core?link. La duramadre es inelástica, muy sólida. Por eso trasmite perfectamente bien el movimiento de una estructura a la otra. Encima, entre ambas estructuras, tenemos una relación de líquido, la fluctuación de] líquido cefalorraquídeo. Este movimiento cráneosacral este M.R.P. se traduce por una fluctuación del líquido cefalorraquídeo, secretado por diálisis del plasma sanguíneo a nivel de los plexos coroides ubicados en los ventrículos del cerebro. Son 150 mililitros. Este volumen débil tiene una importancia considerable en la salud de la substancia nerviosa. El L.C.R. llena los ventrículos cerebrales, envuelve el cerebro, la médula espinal y la vaina de los nervios periféricos. Es un verdadero almohadón hidráulico entre el cerebro y la pared ósea, amortigua los golpes y protege así los 60 a 100.000 millones de células de la neuroglia y los 100.000 millones de millones de sinapsis. Su densidad, idéntica a la densidad de la sustancia cerebral, evita el aplastamiento contra la caja craneal en los choques. También tiene un rol de nutrición y eliminación. El L.C.R. transporta los elementos nutritivos de la sangre hasta las estructuras nerviosas, y en sentido contrario, elimina los desechos; circula en los ventrículos, recorre un camino sinuoso a través de pequeños orificios para encontrarse en un espacio ubicado entre el cerebro y la bóveda craneal. A este nivel, está reabsorbido por los agujeros de LUSCHKA. El cerebro y la médula espinal poseen el movimiento propio que conocen muy bien los neuro?cirujanos, que deben convivir con él durante una operación sobre la médula espinal o el cerebro. El cerebro y la médula espinal palpitan animados por este movimiento donde se mezclan tres ritmos: el ritmo del corazón, el de los pulmones y otro más lento que parece venir del cerebro mismo. Cada célula cerebral tiene un movimiento en dos tiempos, de flexión y de extensión, fase de hinchazón, de dilatación, luego fase de retracción. El cerebro, por el movimiento de sus millones de millones de células, reproduce la onda pulsátil que resulta de estos múltiples micromovimientos. También existe una movilidad de las membranas intracraneales e intrarraquídeas, es decir, las membranas que están dentro del cráneo y de la columna vertebral. Las membranas cerebrales son fascias tendidas dentro del cráneo y sirven para asegurar una buena repartición de las tensiones que se ejercen en la vida corriente, amortiguando los golpes, suspendiendo el cerebro en una hamaca cómoda y resistente. Muy poco elásticas, se les ha dado la denominación de membranas de tensión recíproca y van dispuestas de tal forma que toda tensión excesiva en un grupo de fibras se va a repartir inmediatamente para asegurar un nuevo equilibrio. Con estas tensiones va a jugar el osteópata por intermedio de las palancas óseas que son los huesos del cráneo. Aunque es aparentemente imposible, podemos percibir el M.R.P. en cualquier parte del cuerpo, aún en órganos que no tienen ninguna relación directa con el cráneo, el sacro o las membranas de tensión recíproca. ¿Cómo puede transmitirse el M.R.P. fuera del sistema cráneosacral? Indudablemente, los responsables de la transmisión de este movimiento son las fascias. ¿Qué
son las fascias? La noción de fascia fue ideada por STILL. Ellas
pertenecen al grupo tisular más abundante del cuerpo humano,
el tejido conjuntivo, y se encuentran en todas las estructuras del cuerpo.
No es asombroso, pues, que toda movilidad a nivel del marco óseo
semicerrado cráneo?sacral lleve la propagación de esta
movilidad a todos los niveles del cuerpo humano por simple puesta en
tensión de esta mecánica fascial. Veremos, más
adelante, cómo funcionan estas fascias. PRUEBAS
CIENTIFICAS DEL MOVIMIENTO CRANEAL Muchos objetan a la Osteopatía craneal que la única forma de percibir el movimiento craneal, el M.R.P., sea por la palpación. Varios equipos intentaron poner en evidencia el M.R.P. por experimentaciones indiscutibles. Un equipo de osteópatas suizos, bajo la dirección de FRANCOIS CORFU D.O., y la "Escuela Suiza de Medicina Osteopática de Lausanne", utilizó la radiología para mostrar el movimiento craneal. Toda modificación de presión o de tracción conlleva a reacciones tricálcicas a nivel del tejido óseo. Este proceso es conocido y verificado. Por ejemplo, si tenemos una presión permanente y constante sobre un pilar articular durante varios años, a este nivel se va a desarrollar una reacción de densificación tricálcica de este tejido óseo que llevará progresivamente a la formación de una osteofitosis reaccional de adaptación al proceso de presión. Pasa lo mismo para un cuerpo vertebral o una articulación de la cadera. Ese es uno de los mecanismos de la artrosis. De la misma forma, podemos analizar un cráneo en función de las concentraciones en tricálcico de fosfato. Podemos pues considerar que mecanismos de tracción o de presión pueden provocar a nivel del cráneo reacciones de adaptación materializados por una variación de la actividad tricálcica. El objetivo de estos trabajos de radiodagnóstico fue intentar objetivar las fracciones óseas probablemente inducidas por uno de los puntos más controvertidos, que es el movimiento craneal. Los tricálcicos de fosfato que son la fracción mineral M hueso (30% del tejido óseo) delatan la función osteoblástica, es decir, las células que fabrican el hueso y que es proporcional a la distorsión biomecánica del tejido óseo. Cada parte del tejido óseo que aumenta su función biomecánica, aumenta su función osteoblástica en el mismo lugar. La consecuencia es que la concentración de tricálcico de fosfato se encuentra aumentada y provoca una densidad óptica que podemos ver en la imagen radiológica. Todos los lugares que contienen una densidad óptica en una zona de unión de dos huesos, es decir, de articulación, testimoniarán una reacción tricálcica en relación con una solicitación mecánica fuera de los límites fisiológicos. Es el caso de una articulación coxo?femoral (de la cadera): si hay una densidad asimétrica a nivel de la articulación, eso significa que hay una solicitación mecánica, no fisiológica, sobre la articulación donde se observa la hiperdensidad óptica. A nivel del cráneo, si estamos en presencia de una densificación tricálcica sobre el borde de una sutura o articulación, podemos pensar que es la consecuencia de una reacción de la función osteoblástica de la placa ósea; es decir que hay una estimulación a este nivel que provoca la multiplicación y la hiperactividad de las células que fabrican el tejido óseo. Entonces, si hay esta reacción es porque hay una estimulación, estimulación que no puede ser otra cosa que un movimiento. Al contrario, si no hay estimulación biomecánica, tenemos una reacción de inhibición de los osteoblastos. Es lo que se llama una osteólisis o desaparición del hueso. Eso es lo que pasa en los cosmonautas que permanecen mucho tiempo en el espacio; viven en estado de a?pesadez, sin que haya sobre su esqueleto ninguna solicitación biomecánica. No hay entonces ninguna estimulación de los osteoblastos. Al contrario, tenemos una destrucción del hueso, pues si el esqueleto no está solicitado por la carga normal del cuerpo, los osteoblastos que fabrican el tejido óseo no se multiplican más y el hueso se va desmineralizando. Si no hay movimiento a nivel del cráneo, no debería haber reacción de los osteoblastos, y sin embargo, observamos que esta reacción existe en numerosos casos. Otro tipo de observación se ha hecho sobre los cráneos que padecen craneoestenosis, que es una soldadura precoz y patológica de las suturas craneales. Obviamente, estos elementos no pueden moverse y las placas óseas quedan inmóviles. Pero, radiológicamente, observamos sobre estos cráneos muchas huellas en forma de impresión de dedos. ¿Qué significa esto? Significa que las masas cerebrales se mueven debajo de la placa ósea y van, por su movimiento, a estimular el tejido óseo, creando una reacción osteoblástica, una multiplicación de los osteoblastos debida a la pulsatividad de las masas cerebrales. En este caso, si bien no puede moverse la estructura ósea, tenemos la prueba de que se mueve la estructura cerebral. Se han estudiado también los cráneos de pacientes afectados por un tumor de la hipófisis, que aumentaba la presión intracraneal y provocaba, por supuesto, trastornos endocrinos, porque la hipófisis es el director de orquesta de todo el sistema endocrino. Se ha observado sobre radiografías que a nivel de la sutura occipital había una abertura de 2,5 mm., visible a simple vista. Según lo que se enseña clásicamente, esta sutura occipital, supuestamente, debe soldarse a la edad de 20 años como máximo, y en regla general, mucho más temprano. En un paciente de 30 años, por lo tanto, este occipital no tiene ninguna razón de alejarse, de desengancharse de un cráneo supuestamente soldado. Sin embargo, se pudo observar una abertura de la sutura occipital con una separación de 2.5 mm., lo cual muestra en forma objetiva que los huesos del cráneo no están soldados. Un equipo del "Colegio de Estudios Osteopáticos de Montréal", en Canadá, bajo la dirección de GILLES MARIER D.O., ha objetivado gráficamente el mecanismo respiratorio primario. Anteriormente, varios equipos habían efectuado grabaciones del mecanismo respiratorio primario, pero se habían objetado los protocolos experimentales y los medios tecnológicos. Los equipos canadienses de ROBITATLLE D.O. y luego de GILLES MARIER D.O., permitieron, en 1987, a partir de la elaboración de un equipo electrónico sofisticado, la transcripción de un movimiento rítmico de los huesos del cráneo y la objetivación gráfica de lo que puede ser la correspondencia del movimiento respiratorio primario. Pasaremos por alto los detalles técnicos que llevaron al equipo de MARIER a elegir herramientas muy sofisticadas y precisas. Lo importante era la más perfecta precisión. Al mismo tiempo, se grabó el movimiento del corazón, el movimiento respiratorio pulmonar y el movimiento respiratorio primario. Se grabó el movimiento respiratorio primario a nivel del cráneo por el equipo electrónico, y a nivel de los peronés, manualmente, por un osteópata que verificaba paralelamente si el diagnóstico palpatorio manual era corroborado y objetivado por las grabaciones. Los resultados durante las experiencias fueron los siguientes: el promedio de la frecuencia, es decir, el ritmo del M.R.P. es de 9,54 ciclos por minuto. En cuanto a la velocidad de propagación del M.R.P., se observa un desfasaje más importante si la palpación se hace a nivel de los peronés que si se hace a nivel de] sacro, lo cual induce a pensar que las fases inspiratorias y expiratorias primarias del cráneo no son trasmitidas simultáneamente a todas las partes del cuerpo. Si este movimiento se inicia en el cráneo, es lógico suponer que hace falta un tiempo de propagación y que la velocidad de esta propagación no es muy rápida: de ahí el desfasaje que hemos mencionado. Otros
investigadores no osteópatas comprobaron también la movilidad
del cráneo. El equipo del profesor Dr. CABANIS, en 1990, objetivó
la microdinámica de los ventrículos del líquido
cefalorraquídeo. Por otra parte, las investigaciones del equipo
del profesor Dr. VILLAUDEL del Centro Hospitalario Regional Universitario
de Reims, en Francia (1991), probaron la micromovilidad del cráneo.
Unas sondas muy precisas de grabación, acopladas a computadoras,
registraron, según distintas modalidades, la existencia de micromovimientos
craneales rítmicos. Su frecuencia promedio es de 9,7 ciclos y
su amplitud de 25 a 50 micrones. El equipo de Reims indica que todos
los sistemas sofisticados llegan a las mismas conclusiones. Es interesante
subrayar que la frecuencia promedio de los micromovimientos comprobada
en el equipo de Reims confirma en forma indiscutible la frecuencia promedio
de 9,54 ciclos por minuto grabada por el equipo de GILLES MARIER en
Montréal en 1987. Los médicos de Reims se quedaron sorprendidos
al encontrar este movimiento en todas las partes del cuerpo y no solamente
en el cráneo. Para los osteópatas, eso no fue ninguna
sorpresa, como Uds. pueden comprender. La conclusión importante
que podemos sacar de estas distintas investigaciones es que el cráneo
se mueve. Sin lugar a dudas, en el curso de su trabajo, el osteópata
va a revisar cuidadosamente todos estos movimientos de las piezas del
cráneo, va a controlar la regularidad, la fuerza, la armonía
del mecanismo respiratorio primario y corregir las restricciones de
movilidad o los bloqueos que encuentre. A fines del siglo XIX, en Suecia, un curador llamado THURE BRANDT elaboró un método manual diagnóstico y terapéutico para tratar las afecciones de los órganos del abdomen y particularmente la esfera genital. Sus métodos fueron desarrollados por un ginecólogo francés, STAPFER, que afirma no haber encontrado nunca, o bien muy raras veces, un útero o un ovario en mala posición con una función ginecológica anormal. Independientemente, otro médico francés de la ciudad de Vichy, llamado GLENARD, hizo un estudio profundizado de los órganos y de las vísceras del abdomen y elaboró métodos de examen que permiten determinar las anomalías de funcionamiento. Para él, un abdomen normal es un abdomen elástico y homogéneo a la palpación, que no permite sentir la presencia de los órganos. Así, encontrar intestinos duros, un estómago doloroso, un hígado grueso son fenómenos anormales que indican tensiones, detenimiento circulatorio, trastornos del metabolismo, fibrosis, adherencia, espasmos, etc. GLENARD calcula las amplitudes de los movimientos que hacen las vísceras en la vida normal y estudia sus ejes de movilidad con respecto a sus puntos de inserción. El pone en evidencia que el hígado recorre a cada respiración un cierto trayecto relacionado con el movimiento de pistón del diafragma. Si adicionamos todos los movimientos del hígado en un día, calculamos que éste recorre un mínimo de 700 m. por día. De la misma forma, un riñón, en su balanceo, recorre una distancia de 600 m. en 24 hs. Podemos entender fácilmente que si por una razón cualquiera se restringe o disminuye el movimiento del hígado (o del riñón o de cualquier otro órgano) y que si, en lugar de recorrer 600 m. por día recorre Sólo 300 ó 50 o nada, su fisiología cambia. Este cambio se produce porque cambia también el conjunto de la circulación tanto sanguínea como intersticial y se alteran todas las funciones de eliminación y de movilización del sistema inmunitario. Tomemos algunos ejemplos: una vejiga comprimida por un útero que ha basculado hacia adelante, es decir, en anteversión, provoca cistitis, incontinencia urinarias etc.; un hígado congestionado y fijo fija a su vez el diafragma, alterando tanto las funciones intestinales como las respiratorias y cardíacas. En
los años 1970, dos osteópatas franceses, PIERRE BARRAL
y PIERRE MERCIER, describieron un ritmo propio de las vísceras.
Llamaron a este movimiento la motilidad visceral, cuya frecuenciales
de 6a 8 ciclos por minuto. Es un movimiento de dos tiempos: uno, llamado
"espir", lleva el órgano hacia el eje mediano del cuerpo;
el otro, "inspir", lo aleja de él. Esta motilidad es
un movimiento propio de cada órgano. El osteópata puede
actuar a varios niveles para tratar los órganos. Primero, restablece
la función del sistema nervioso central a través de la
normalización del mecanismo cráneosacral, luego se interesa
por el sistema nervioso o vegetativo local y libera los ganglios nerviosos,
los plexos, etc. Finalmente, se interesa en el órgano mismo en
su posición, su movilidad y su motilidad. La movilidad es el
movimiento con respecto a las demás estructuras; la motilidad
es el movimiento propio del órgano, como ya hemos visto. El osteópata
deberá tratar los órganos vecinos que pueden bloquear,
comprimir, perturbar el acopio sanguíneo, irritar fibras nerviosas,
etc. Luego, en el marco del trabajo visceral, el osteópata va
a estimular, devolver la libertad a la circulación general y
local, tanto arterial como venosa o linfática y trabajar las
fascias que envuelven el órgano, lo sostienen o lo bloquean.
"No conozco ninguna parte del cuerpo que iguale la fascia como terreno de caza. Cuando uno persigue el estudio de la fascia, surgen a la mente más temas de reflexión que para ninguna otra parte del cuerpo". Sabemos todos que el ser humano está constituido por huesos, músculos, órganos, glándulas, nervios y vasos, pero no todos sabemos que esos distintos elementos dependen de un sistema complejo que asegura la cohesión del conjunto, estableciendo relaciones entre los distintos elementos. Este sistema está constituido por las fascias. Las fascias están constituidas por el tejido conjuntivo, que es el tejido más abundante del cuerpo. Representa el 16 % de la masa total del cuerpo y si pudiéramos destruir todos los tejidos del cuerpo menos el tejido conjuntivo, tendríamos en su volumen y proporción exactos la representación de todos los elementos del cuerpo, solamente con el 16 % del peso anterior. El Dr. HOLLIDAY (U.S.A.) hizo la experiencia de esclerosar con una substancia la fascia antes de destruir los demás tejidos. Pudo sin dificultad poner de pie al "hombre fascia", que permanecía en la forma de la silueta humana. Este tejido está constituido de colágeno formado de micro?túbulos. Los laboratorios Rockfeller mostraron algo más: un "exsudato" del líquido cefalorraquídeo, por sus más finas moléculas, recorre todos estos micro?túbulos y favorece los intercambios iónicos a todos los niveles: celulares, capilares y simpáticos. La función del tejido conjuntivo, como su nombre lo indica, consiste enjuntar los tejidos entre ellos. Es un tejido de envoltorio, que envuelve y protege cada estructura del cuerpo, desde la célula hasta el órgano. Se encuentra en los tejidos blandos y duros: tendones y huesos, y también en los tejidos muy blandos como el pulmón y estructuras elásticas. Las fascias pueden ser consideradas como la memoria del cuerpo. El osteópata se asombra a menudo al sentir bajo sus dedos, en un paciente que ha sido víctima de un traumatismo muchos años antes, la huella viva de este traumatismo. El paciente puede llegar a olvidarse de él, pero vamos a encontrar tensión de las fibras, restricción de movimiento, una deformación global de la trama tisular, un movimiento que aparece falseado. Esta huella expresa la memoria tisular de la energía absorbida. Se pude comparar a la huella de un puñetazo en una bolsa de arena. Aparentemente no se deformó la bolsa, perola palpación permite verla dirección del traumatismo, sentir la zona donde se produjo el choque. Las
fascias tienen múltiples funciones vitales. ¿Cuáles
son las causas de la inflamación? Son varias: tensión
o presión anormal sobre una fascia, disminución de los
elementos nutritivos y del oxígeno en los tejidos, aumento anormal
de gas carbónico y de toxinas, proliferación local de
microbios o toxinas, acumulación de desechos venidos de las células,
consecuencia de accidentes, errores alimenticios o absorción
de drogas.
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